May 13 2008
En casa de Valerio, cuchillo de palo
La libre circulación de personas dentro de la Unión Europea está haciendo mucho daño. En virtud de este acuerdo, la basura que se genera en otros países siembra su hedor en el nuestro, con el consecuente bajón en nuestro ya de por sí degradado Estado.
Pero la vida es así. Un día te hacen firmar un papel gracias al cual recibes subvenciones para arreglar las carreteras y producir más garrafas de aceite de oliva, pero no te leen la letra pequeña: no puedes decir que no cuando gente como Valerio Pino decide instalarse fuera de su natal Italia para perpetrar sus aberraciones artísticas en nuestras televisiones.
No contento con humillar y someter a vejaciones varias a las pobres concursantes de Supermodelo 2007 y de perder el 89% de su masa muscular en el parque temático de La isla de los famosos, ahora da un paso más y se atreve en el mundo de la música. “¿Si Shelamay lo hizo, por qué yo no?”, debió pensar. Después de mucho barruntar tuvo una brillante idea que le permitiría recorrer las costas españolas durante el verano sin gastarse un céntimo. Y he aquí el resultado, en exclusiva desde El Programa de AR:
Hay mucho que decir de estos casi cuatro minutos de vídeo que nos han dejado sin aliento. Nuestro protagonista interpreta una canción titulada irónicamente Style, cuyo ídem se queda sólo en el nombre. Con una puesta en escena más propia de una coreografía de baile de fin de curso que de una televisión supuestamente adinerada y un gasto cero en iluminación ad hoc, Pino defiende sin pudor un tema que hace parecer bueno a Micromanía, más conocido como la canción de los micrófonos.
1. La letra. Empezamos mal. Es cierto que la música de baile no tiene por objetivo ilustrar a la masa que danza a su ritmo, pero esperábamos algo más de nivel. El texto es demasiado facilón y la sintaxis apenas llegaría a merecer el típico ‘progresa adecuadamente’ en 1º de Primaria. Las consonancias “Puerto Rico / qué rico” o “Desfila con estilo / un ‘rosso’ Valentino” no son precisamente gongorinas. Sin embargo, hay que reconocer que la letra cala entre el público con facilidad, ya que la mismísima Ana Rosa consigue memorizar algunos fragmentos de la misma, los cuales repite en el minuto 03:14 con la chispa que le caracteriza.
2. La música. La armonía que guía la voz de Valerio nos transporta a la carretera de Valencia en los años 90, entre neones y ropas plásticas vistiendo a personas más o menos desfasadas. El toque de glamour que el ex modelo intenta imprimir a los versos no es suficiente para sacar a flote una melodía con evidentes carencias que se repite hasta la saciedad con tan sólo cinco notas distintas. El remate lo pone el sonido de los flashes de unas supuestas cámaras fotográficas que evocan el ambiente de una pasarela internacional. ¿De verdad no se podría haber hecho mejor?
3. La performance. Ya que el contenido no está a la altura de las circunstancias, esperábamos al menos que el continente lo compensara. Pero no. Se nota que los estilosos artistas han consumido todo el presupuesto en producir la canción y se ven obligados a tirar de medios caseros para ir a las televisiones. Eso se nota en la ropa más bien barata del italiano, que parece homenajear a la cadena Bershka con su camiseta. Por otra parte nos encontramos a Laura Negrete, una de las finalistas de Supermodelo 2006, que intenta a la desesperada hacerse un hueco en el mundo de… bueno, dejémoslo simplemente en el mundo. Lástima la mala elección del vestuario con el que ilustra las rimas del que canta. Llevar ese corsé debería estar castigado por el código penal y no le ayuda en nada el tocamiento y apertura de manos sobre sus pechos a lo largo de su intervención. Al menos nos reconforta saber que profesor y alumna han superado las rencillas que surgieron en el centro de formación:
¿Quién les iba a decir que poco tiempo después de estas imágenes ambos se embarcarían en un proyecto común? Es más: ¿quién le iba a decir a la modelo que, a pesar de su corte de pelo, volvería a aparecer en televisión una vez le creciera?
4. El desprecio de los asistentes. Capítulo aparte merece la actitud de los presentes en El Programa de AR. Mientras Valerio y Laura se dejaban la piel sobre el ¿escenario?, los colaboradores en el plató estaban a su bola: mirando hacia abajo, hablando entre ellos, riéndose… Es muy duro sacar adelante un show cuando el respetable no te hace caso, así que un punto para los sufridos artistas. Tras la actuación, una vez más, la falta de tacto de Ana Rosa Quintana sale a flote. La periodista saluda con dos besos al italiano y deja plantada a la Negrete, que intenta aguantar el tipo ante tal agravio comparativo.
¿Cuál será el siguiente destino de la Style Parade? Que se preparen en Levante…















