Oct 19 2008
¿Todos somos Poyeya?
El otoño es tiempo de nostalgia. La lluvia, el viento y la caída de las hojas nos provocan un sentimiento de melancolía que nos llevan a evocar tiempos pasados, que siempre fueron mejores según el dicho popular.
Hoy vamos a retroceder unos años atrás para recordar la trayectoria profesional de una mujer que intentó hacerse a sí misma y que durante una época logró ocupar minutos de televisión e incluso una portada en la prestigiosa revista de sociedad ¡Qué me dices!
Hablamos, por supuesto, de Sandra Álvarez, una mujer con nombre común pero que, como pocas, puede ser conocida con al menos tres coletillas diferentes: Sandra la de La casa de tu vida, Sandra la de Sex Bomb o Sandra la de Spanish Girls. La Santísima Trinidad del espectáculo bajo una misma y voluptuosa figura.

La andadura profesional de la hispanogermana comenzó en el canal local de mayor audiencia de España, el madrileño Canal 7. Allí, con el beneplácito de José Frade, la morena condujo un espacio en el que animaba a practicar aeróbic a todos los telespectadores como si de Eva Nasarre se tratara. Esta fue una época de rodaje para la joven promesa, un tiempo en el que aprendió que para triunfar en televisión tienes que estar buena. Ella no lo estaba, y con el sueldo que ganó subiendo y bajando del step decidió pasar por el quirófano y retocarse la nariz y los pechos. Dejando atrás su nariz de Barbra Streisand y sus pechos de Isabel Aboy, el camino estaba más que allanado.
Sólo le quedaba dar el salto definitivo a la televisión de ámbito nacional. ¿Cómo podría lograrlo? La diosa Fortuna se puso de su parte y lo arregló todo para que se fijase en ella otra visionaria del mundo artístico patrio: Sonia Monroy. La también operada fichó a nuestra protagonista para formar parte del entonces reestructurado grupo musical Sex Bomb. A pesar de que quien llevaba la voz cantante era la catalana, la nacida en Lennet no se quedó en la sombra y puso toda la carne en el asador en cada actuación con sus compañeras, tal y como se demuestra en su clip más conocido, Ven, ven, ven:
Pero lo que empezó con armonía y compenetración entre las chicas acabó a la gresca. Envidias y rencillas que iban a más provocaron la ruptura. La Monroy decidió disolver este proyecto y se buscó la vida por su cuenta. En ese momento Sandra hizo uso de su inteligencia y retuvo al resto de las chicas para formar otro grupo al que llamó XXX. Una denominación que evocaba gráficamente los derroteros por los que querían encaminarse. Pero la falta de contrataciones y el desgaste que venían arrastrando estas mujeres provocaron el batacazo del conjunto, que a buen seguro hubiera tenido una satisfactoria carrera de no ser por las circunstancias.
Afortundamente, los recursos de Sandra no acababan aquí. Aprovechando el auge de los realityshows embaucó a su novio en la aventura que le consagraría de una vez por todas como estrella mediática: La casa de tu vida. En el concurso no logró llevarse el hogar prefabricado que se entregaba como premio pero no le importó, lo suyo era una carrera de fondo. Durante el programa se encargó de calentar al personal con escuetos bikinis que cubrían tan sólo la parte central de sus senos. Al salir, un par de desnudos en la revista Interviú colmaron las fantasías del varón español medio mientras, en los platós de A tu lado y Crónicas marcianas, la morena intentaba promocionarse como mujer polifacética. El plan era perfecto, pero no contó con que el resto de concursantes del espacio eclipsarían su propia expulsión y minarían su popularidad.
Cuando parecía que el fuelle de Álvarez estaba a punto de agotarse, un ángel de la guarda llegó en su rescate para inyectar de savia nueva a nuestra querida artista. Nuria Bermúdez, como un San Gabriel sexualmente definido, le propuso embarcarse en una aventura que prometía mieles y alabanzas a la vez que innumerables viajes por la península y los archipiélagos cercanos. Nacía Spanish Girls, una women band que bebía de las influencias de las Spice y donde, al igual que en el quinteto de británicas, cada fémina tenía una personalidad diferente. La novedad residía en su desbordante sensualidad, común a las cinco. Para su primer single, Me vuelves loca, se hicieron tres versiones diferentes con estribillos en castellano, inglés y portugués y se rodó un impactante vídeo que pretendía mostrar un día en la vida de Sandra, Nuria y las demás:
Como se puede apreciar, no escatimaron en medios técnicos para el rodaje: un chalé despampanante al que bautizaron como The Spanish Palace, una elegante limusina y un fin de clip en la popular discoteca La Japonesa de Alicante fueron las localizaciones elegidas para darse a conocer en todo el mundo.


Todo iba sobre ruedas aparentemente, pero entonces saltó el escándalo: Sandra estaba embarazada y había ocultado su estado para no ser expulsada del grupo. El enfado de la Bermúdez fue mayúsculo, ya que el grupo exigía un nivel de entrega y unas complicadas coreografías que no podían asumirse tal y como nuestra protagonista se encontraba. Hemos de reconocer que su comportamiento no fue bueno, y marcó un punto de inflexión con la banda. A pesar de que llegó a hacer promoción con ellas durante algunas semanas, con el paso de los meses tuvo que abandonar. Sin ella los Spanish days estaban contados.
Este nuevo fracaso no desalentó a la gestante, que aprovechó los meses de retiro forzoso para elucubrar una nueva estrategia que no le condenara al ostracismo televisivo. Pasó el tiempo y, de nuevo, una mujer le puso en bandeja otra oportunidad. Soraya Arnelas, finalista de la cuarta edición de Operación Triunfo, protagonizó una fatal metedura de pata durante una de sus actuaciones: mientras cantaba el tema Vivo por ella de Andrea Bocelli inventó el ya celebérrimo poyeya que hundió su prestigio hasta llegar a nuestros días. Un hundimiento que Sandra, como ave fénix, recicló para crear una original canción que llevó el mismo título y que dotaba de sentido a esta palabra en principio hueca en contenido.
El tema, de claras intenciones dance, narraba las ganas de la intérprete por sonreír a la vida, disfrutar con los pequeños placeres y descubrir el lado positivo de las cosas. “Si lo piensas, todos somos poyeya“, rezaba el puente de la canción. Las cualidades vocales de Sandra quedaron por fin demostradas en su primer trabajo musical en solitario, trabajo duramente criticado por ciertos sectores de la profesión pero que cumplió su objetivo de divertir y hacer reflexionar a los jóvenes que acudían a los bares de la costa levantina para presenciar los bolos de la Álvarez.
Gracias a Soraya el punto álgido de su trayectoria fue aún más alto de lo que ella misma hubiera soñado, y nos consta que le estará eternamente agradecida a la extremeña. Por cierto, Arnelas, ya hemos escuchado tu nuevo disco y se nos ha quedado el pelo tan blanco como el tuyo. Tenemos que comentarlo, pero eso será en otro post…


