Jun 16 2008
Las pijas se pasan al techno
Vivimos malos tiempos para el planeta. Sumidos en una profunda crisis de valores, son pocos los que aún luchan para que la concepción judeocristiana del mundo se pierda totalmente, y para ello utilizan los medios más variopintos.
Un claro ejemplo de esta entrega por difundir de manera divertida el mensaje de Jesucristo son las residentes del colegio mayor de señoritas Olabidea. Las universitarias, llenas de fervor, decidieron en 2006 componer un villancico navideño saltándose las reglas tradicionales e intentando así que otros jóvenes menos comprometidos con cuestiones de fe sintieran el calado del mensaje católico. El resultado lo ofrecieron en primicia en el salón de actos de la residencia navarra, pero han tenido el buen tino de colgarlo en Internet para que todos podamos participar de su devoción:
La oveja naranja es un villancico fresco, moderno, que cuenta la historia de un pastorcillo que ofrece tan original animal al niño Jesús en el portal de Belén. Una vuelta de tuerca a la típica historia del Nuevo Testamento que no deja indiferente a nadie. Una melodía midi emulando a Camela, un estribillo de fácil recuerdo (“la oveja, eh, naranja, eh, la oveja, oveja, oveja”) y una puesta en escena recatada pero traviesa ponen el sobresaliente a un proyecto de evangelización redondo. Y es que ya se sabe que lo que gusta, se recuerda para siempre.
Las alumnas, algo nerviosas, lo dan todo sobre el escenario, disfrazadas de pastoras de antaño y evitando así que un escote más pronunciado de lo normal o una pantorrilla vista despisten al personal del objetivo de la actuación. Enfundadas en sus enaguas y faldas de paño grueso, se balancean al son de la música electrónica pregrabada con una coordinación irregular pero efectista. Poco a poco algunas hasta se atreven a desfilar frente a sus compañeras numerarias simulando el largo camino, cesta sobre la cabeza, que les separa de Belén. Los movimientos del vestido, en su punto justo de vuelo, ponen la nota pícara al número.

Un número que supera con creces a la socorrida coreografía de 8º de EGB para agasajar a los padres, y que además supone un alto nivel de empaste entre las voces, los coros y las consignas de una cantante principal, a la que nunca enfocan, cuyo cometido es gritar con fuerza las palabras que resumen toda la sonata: “naranja”, “estrella” y “beee”. Al final, suponemos que debido a la catarsis, el tono se les escapa un poco, pero no desluce el conjunto de la canción.

Por si todo esto fuera poco, este humilde blog se llena de alegría, además, al ver tantas perlas cultivadas en un mismo espacio. Si bien no están ensangrentadas, lucen fenomenal en los tiernos lóbulos de las jóvenes cantoras, que han conseguido que más de uno esté contando ya los meses que faltan para la próxima Navidad para revivir momentos como éste. ¡Misión cumplida, chicas!




















